Desde chica me encanta mirar, observar... absorta y pensativa. Ya sé que no soy la única, y que todos tenemos algo de esto...pero sí: a mí me encanta observar a la gente, cómo se mueve, cómo habla, cómo se comporta, cómo se viste, cómo gesticula, cómo camina, cómo se sienta, cómo hace sus gestos y sus cosas más cotidianas. Me gusta mirar, observarla cómo anda por la vida...
Miro a la gente en el colectivo, en el subte, en las plazas, en las salas de espera, en las cafeterías, a mis compañeros (de trabajo y/o facultad) mientras charlan, trabajan, leen o escriben...
Me encanta mirar observando, y ahora que lo pienso, quizá esto sea paralelo o esté relacionado con que me encante escuchar, que me cuenten casos y cosas... pero ésa, me temo, es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.
Adoro ir por un café, sentarme del lado de la ventana en alguno de esos bares de antaño que me gustan tanto, y una vez acomodada y habiendo realizado el pedido al de moño y chaleco, observo mi alrededor... lo oigo en el todo y particularmente, mesa por mesa... a veces cierro los ojos y hasta esbozo una sonrisa tímida y espontánea al escuchar ciertas conversaciones...
Nunca falta el grupo de viejitos que tienen la cita obligada de todos los martes en el mismo bar y a la misma hora. El grupo de estudiantes. La parejita que sale por primera o segunda vez y que se les nota TANTO pero TANTO en las miradas, en su actuar sigiloso y timidón. Las chicas que se juntan a tomar una cerveza para contarse de sus vidas, del nuevo chico que conocieron. El de traje y corbata que pide el café fuerte y lo agenda para no olvidarse mañana de pasar por el mismo bar a pedir exactamente lo mismo que hoy. La señora que andaba de paso haciendo algunos trámites y refugia su cansancio en un té con tostadas para luego seguir camino. La mamá que a la salida de la escuela lleva a sus dos hijos al bar a tomar la leche ó ese submarino que HOY les dibuja una sonrisa...
Enseguida me sucede que me canso de escuchar, me fastidio, no tolero oir y ser testigo de lo patética que es la gran mayoría... aunque no por ello dejo de observarla aún cuando ya haya decidido que lo mejor era tener la música pegada a mis oídos...
Y suelo pasar horas así... observando mi alrededor, entre el ruido de la máquina de cortados en jarrito, (que el mp3 player no logra absorber), el aroma a tostados, las bandejas, los de moño y chaleco, risas, discusiones, niños que lloran, charlas de política, las clásicas de cafe, las de fútbol, las filosóficas, bobas y absurdas...
Y paso inadvertida y me transformo en un ser invisible frente al cúmulo de gente que se reúne bajo el techo de esos bares en busca de sentirse tan cafeconleche. Me encanta sentir que nadie me nota cuando los observo, cuando sonrío agachando la cabeza, sin escucharlos pero leyéndoles los labios...
Entonces, todo vuelve a re-caer en las páginas de un Gloria y un sinfín de historias quedan anidadas allí...
Impresiones, anécdotas, frases, aromas, colores, figuras, caras, gestos, palabras... palabras.... esas tontas recayentes... todo queda grabado no sólo en una fotografia (cuando tengo el honor de que la cámara me lleve consigo), no sólo en unas hojas rayadas... sino en mi memoria, que disfruta de (todo eso) y de cada minúsculo detalle que a su alrededor acontece...
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