
La palabra mimo proviene de la palabra griega "mimeomai" que significa imitar.
El mimo, normalmente se vale de los gestos y actúa en silencio.
Sus movimientos corporales son lentos y evocan un principio teatral: el arte del silencio.
Su arte pretende expresar una historia, sin mediar ningún tipo de lenguaje hablado.
Su idioma, sus palabras, son los movimientos que ejecuta.
Su gesticulación es simbólica y se manifiesta a través del lenguaje corporal.
Para el mimo no existen fronteras. Su arte es un compuesto de gestos, danza, equilibrio y valoración estética del sentimiento o la reacción que desea expresar. Se vale exclusiva o preferentemente de gestos y de movimientos corporales para actuar ante el público.
El mimo, es una adicción que cuando se conoce y se siente no se puede dejar. El mimo se apodera de la persona y hace con ella lo que no pueden hacer las palabras. El mimo toma el cuerpo y la transformación se realiza al liberar cuerpo y mente, que sea el mimo quien cargue con la responsabilidad y quien actúe. Si se logra esto, logramos la integración entre la persona, el personaje y la audiencia; sólo así logramos el éxito escénico. -El resto del tiempo soy yo, pensando siempre en cómo representar la pantomima de la vida real.”
(...)
Siempre me ha gustado observar a los mimos que trabajan durante tantas horas seguidas en la calle, sin embargo, he de reconocer que me parecen algo tristes. Me parecen una especie de seres invisibles, que unas veces tienen mucho éxito, pero otras solo son un objeto que nadie se para a mirar. La mirada fija, triste, solitaria, esperando que algún niño/a o adulto se acerque y le regale un minuto de su valioso tiempo...
Siempre pensé que eran personas que pedían auxilio en silencio. Piden una mirada a gritos, pero sin embargo son gritos mudos que la mayoría no consigue oir... cuántas veces llegó el invierno, y las lluvias, y sus maquillajes resbalaron por la cara convirtiéndose en lágrimas de color, de un día perdido... un día en el que nadie ve más allá de su paraguas, y corriendo esquivan cualquier cosa que parezca un obstáculo. Sí, incluso al mimo.
No hace tanto, me crucé en alguna esquinita porteña a un mimo risueño, cuyos ojos transmitían algo especial. Me quedé inmovil y sin palabras..., él... era DIFERENTE a los que me detuve a observar alguna vez.
De camiseta blanca y tiradores, no conocía el silencio, porque sus labios dejaban escapar un millón de sílabas por minuto, coplas recitadas de poemas gauchescos...en altibajos de montañas rusas transportaba los sentimientos, y ... y sin embargo sus ojos también guardaban dejos de melancolía y nostalgia.
Una noche me leyó un cuento, miramos fotos emocionadamente... entre mates con sabor a su esencia me regaló infinitas emociones... y hasta proyectos de fórmulas para entender al mundo. Me deleitó con su sonrisa y pude re-conocer la dulzura en su mirar. Me cautivó con sus ideales, su pasión por la música, su calidez en el trato, la franqueza de su mirada, su andar des-pa-ci-to... y siempre conservando su DULZURA tan característica, que empalagaría hasta al alma más agria.
Era pequeño, niño, infante... pero inmensamente G R A N D E ... I N M E N S O , hombre de buenas raíces... de esas que se echan para permanecer por siempre intacto y firme para que, quienes han tenido el gusto de tomarlas entre sus manos -como a su rostro de ángel bello y de una blancura exquisita- puedan sentirse realmente orgullosos de haber conocido al mimo que no imita, que siente, el que no conoce las fronteras, ése que se vuelve una adicción.... se apodera de las palabras haciendo todo lo que ellas no pueden expresar.
De un día para el otro, el mimo mágicamente se esfumó...
Nunca màs supe de èl, pero aún conservo su recuerdo, tan dulce, tan niño... con tanto amor...
No hay comentarios:
Publicar un comentario