Mirar-se al espejo antes de que el marco de la puerta se encargue de parirnos a aquello que nos espera detrás de los muros que nos acojen y nos abrigan, y salir entonces casi expulsados a las 7.45am cada mañana, de nuestra cálida ratonera donde guardamos cada retazo de pertenencia... donde quedaron encerrados tras cientos de llaves los sueños y pesadillas de la noche anterior... y queda tanto de nosotros mismos...
Chequear de no olvidar lo imprescindible: el mp3 player (que aunque está a punto de jubilarse, aún conserva un poco de energía para hacernos un poco feliz TODOS y CADA UNO de los minutos del día...), el libro de turno, unas pastillas, un desodorante, el tapasduras, una bic (la pluma queda en casa), monedas, un puñado de ilusiónyesperanza que nos ayude a creer un poco en que todo algún día va a ser mejor... (y nada más...)
El resto, pasa inadvertido, rellena innecesarias bolsas que nos pesan y nos cargan a la deriva de pasos inquietos que sólo intentan des-ha-cer-se de ella y de sus pesos...
Y el día que transcurre y se abre paso solito, pasan los minutos, las horas...
el cielo se oculta y juega a las escondidas tras un par de ventanas que nos hacen preguntar de qué color habrá elegido vestirse hoy...si de gris o celeste, quizá con blanco, quizá hasta azul...
El teléfono que quiere decir-nos cosas y no lo queremos escuchar, los papeles que van y vienen alternados entre cafés y cafésconleche, alguna fruta, un yogur, de nuevo café... la música que desde que se despierta a las 6am no finaliza... las voces, más cercanas, más lejanas... risas, gritos, preocupaciones, problemas, la hora del almuerzo, las cargadas, los comentarios... la angustia que no tiene apetito... y la ilusión que se hace presente deseando que, por fin hoy, las ganas estén incluídas en el menú del día...
y de nuevo, a empujar el lápiz... fijar la mirada en la pantalla luminosa que nos hace arder los ojos, la distracción que va y viene durante la mañana, durante la tarde... y las neuronas se piden un recreo, necesitan vacaciones... no importa, siguen y siguen empujando el lápiz, arrastrando las palabras, cargando las ideas.... y confiando ilusionada y hasta esperanzada-mente.... que algún día.... algún remoto día, todo cambiará...
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(y las lágrimas que vuelven cansadas van tallando el recorrido de regreso... alguna vez olvidaron acompañarme, y perdieron la costumbre, pero sin darme cuenta cuándo ni cómo sucedió, volvieron... (nunca hubiera querido que volvieran, ya no... )
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