la luna suburbana, el ruido a mundo, el motor bajo mis pies, la energía que viene y va, la vieja de delantal que barre las hojas secas... las hojas secas que no quieren morir en la bolsa de residuos asfixiadas por un nudo... y todas las mañanas el mismo perro que pasea cojeando, de respiración cansada... el ruido de la cortina que se abre, el olor a pan y mate cocido, el frío que se deja abrazar, las gotas que se desprenden de la madrugada en la corniza, el amanecer eterno que no quiere acabar, los gorriones que duermen entrelazados en el nido que anoche fue testigo de su amor, el viejo que pone en marcha el coche antiguo, la nena de dos colitas que va al jardín de la mano de su madre, el viejo de boina que espera a la muerte sentado en el banco despintado y húmedo de la plaza...los chicos que van de delantales blancos y dormidos a recaer sus miradas en los libros, las maestras que se muestran fotos de sus hijos en la puerta de la escuela, el caballo que rezonga porque hoy no tiene ganas de andar, el linyera de mirada triste, las mandarinas que caen del árbol y revientan contra la calle de tierra, las piedras que voy juntando en mi bolsillo como único souvenir de este paraíso, los secretos que yacen bajo las mantas de infinitos silencios que cada tanto se cansan de callar... las medialunas, el olor a nafta, los mochileros y el agua caliente que se deja libre para acobijarlos con unos mates bajo el alero de la estación de servicio... (de la ÚNICA estación de servicio), el viento que trae acordes de un acordeón verdulera que me recuerda a mi abuelo... al nono... y cierro los ojos, sobrevienen las imágenes... y ahí está, en la cabecera de la mesa larga y rectangular de los domingos por la tarde, el mantel y las miguitas de pan sobre él, el dominó, el ajedrez, las cartas, los porotos del bingo, el patio y la hamaca, el delantal de la tata, el calentador primus, la lechuga fresca recién cortada de la quinta, el tango, la siesta conversada... tiempos lejanos aquellos cuando estábamos todos y éramos felices, íbamos a mirar cómo despegaban los aviones en aeroparque, hacíamos asados, viajábamos en el antigüo Valiant III de seis cilindros, y estábamos todos tan cafeconleche rodeándolo al nono que emocionado iba al son de la tarde, con la Italia entre sus brazos...
(todoeso) sucede en instantes, polaroids sobrevienen en cualquier momento, en cualquier lugar...
y así es como una y otra vez, en el colectivo, en el subte, en el medio de una reunión, en el aroma de un mate cocido, en una miga de pan, en el olor a domingo, en un ascensor, en el aroma de un perfume, de una comida, en una sonrisa, una mirada, en el acorde de algún piano, una guitarra, o un acordeón vuelvo a encontrarme ahí, en el recuerdo, en el arrepentimiento por no haber dicho...
aún así no me duelen los recuerdos, emergen solos, no los busco... pero los quiero abrazar... quizá ellos me busquen a mí...ó quizá lo que realmente (me) duele es el hecho de caer en la conciencia de que (todoeso) que sobre-viene ya no volverá...
entonces, me encuentra en alguno de esos lugares y en algún inesperado momento, la emoción, la nostalgia y la melancolía, me recorre un cosquilleo precioso que algunas veces viene de visita con pequeños diamantes que se agarran fuerte apretando los dientes para no despegarse a rodar por mis mejillas atravesando los escombros de esos recuerdos...y entonces... sonrío, sonrío recordando y disfrutando de (todoeso) que no forma parte de un sueño o una pesadilla sino que se vuelve tangible cuando abro nuevamente los ojos, y me (re)encuentro con el hoy, en el ahora, palpándolos con la punta de todos los sentidos...
(sosteniendo la ilusión de volver a sentirme inmersa en la ésa simpleza, tan feliz...tan plena)
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1 comentario:
Flor de máquina la tuya amiga
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