Corrientes y la tradicional Florida peatonal... La lluvia danza con fuerza de castigo sobre la gente, quien se defiende como puede, con paraguas a medias sanos, papeles de diario, o el sweater que de apuros manotearon antes de salir de casa...
El semáforo está en complot por unos minutos con los autos que circulan a velocidad considerada por Corrientes, en tanto que los bandos de infantería sobre ambas manos de Florida se van formando lentamente, cada cual cubierto con lo que tiene, y provistos de impaciencia van cerrando el paso de los autos mientras bajan de la vereda a la calle...
Cuando el semáforo dispone el “rojo” para los vehículos, la guerra de infantería se desata cual filas de un ejército del siglo XIX. Abre el semáforo, y salen al ataque... Los paraguas se rozan, las cabezas se esquivan, el ruido del choque se asemeja al acero de una espada que en medio de un desierto se apodera de almas ajenas mientras avanza...
Y nuevamente se dispersan...
Hasta que las casuales tropas se renueven, y el semáforo marque un nuevo inicio de batalla...
En esta lucha no hay ganadores, solamente perdedores...
Perdedores de un ojo por un paraguaso, o perdedores de paciencia por un empujón de atrás...
Cada quien sigue su paso, avanzando como si nada hubiese ocurrido, formando circunstancial y casualmente parte de un bando sin nombre ni bandera, defendiéndose solamente a si mismo.
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