Me quedé un tanto apegada a la idea de viaje, a la foto, la distancia...
Busqué inmediatamente mi visión del mover-nos: Un viaje abre las puertas a la esperanza... bien sea salir corriendo des-esperanzados del sitio (ahora) anterior, o bien sea arrojarnos en busca de algo... Cuanto más, pasar un poco de tiempo, donde no siempre.
El viaje nos coloca en la posición irrenunciable de transitoriedad; no tenemos nada más que a nosotros mismos y propios sumados a esa casual vestimenta confinada al bolso o valija.
El diálogo, algo tan simple se abre paso misterioso... se conocen personas, se habla prácticamente con cualquier sujeto e incluso animal perruno gatuno o insectuno que cruzamos... digo misterioso, porque al volver al origen (de donde escapabas) te encontrás con la impía parquedad ajena y personal. (La rutina para los rutinarios/rutinistas/deoficina/oficinistas/oficinarios/bichos alimentados a base de luz fluorescente y papeles por montones. Para unos el ancla que asegura su statu quo, para otros, fija sin consuelo un posible desarrollo).
Al final, de regreso al origen: ya no se habla con cualquiera, sino que se mira mudo... se mira con deseo,con unos ojos que desnudan muchas veces a ese otro observado mediante una vista o visión poderosa... También se sacan radiografías, arman inventarios de lo más ocurrentes, se tejen historias posibles tan reales como imaginarias. Pero ahora ya de vuelta no se habla, se mira meramente...Se desea como antes (e incluso más que antes), pero no se alcanza...ahora estamos atados a la casa, el barrio, el auto, los chicos, el colegio, la ropa, la calle, el semáforo, la plaza, el perro, el sábado y domingo, el reloj, la agenda, la lapicera, el cenicero... Cobran vida las matrices de mensura, ya todo vuelve a nacer, como un reloj al que le damos cuerda o cambiamos la pila ya agotada y muerta, luego arrimamos la máquina a la oreja y, con un gesto abundante en ternura, al son que inclinamos la cabeza hacia el lado de la oreja con reloj, nos detenemos sin que el tiempo se detenga, un ratito absortos escuchando los monótonos golpecitos frecuentes del mecanismo hasta quedarnos completamente dormidos y acabar despertando la mañana siguiente de este sueño de viajeros en el tiempo...
...y es tan bonito cuando uno se enfrenta con la realidad cíclica, la disfrutada, la que encanta y deslumbra... esa que cierra donde abre, nace donde muere... nutre donde desalimenta...
Re-caer en los detalles, en los preciosos, esos que nos alimentan... y nos (ME) hacen adorar el sentir los aromas, palpar los sonidos y escuchar las imágenes. Son detalles cuidadosamente pulidos, lustrados... brillan y nos arrimamos cual a un espejo para revelar nuestra arrogancia de un modo adorable.
Luchas perennes, dudas continuas, miedos, inseguridades...
A veces desearía tomar a la realidad por los brazos y zamarrearla como a los chicos traviesos. Pero no, es imposible... siempre re-caemos en esa realidad cíclica...
Entonces, las partículas de oxígeno las conforman esos momentos, detalles, pequeños instantes que se vuelven gigantes y estallan al poder hacernos sentir plenos... al abatirnos en chisporreantes burbujas de goce y disfrute de (todoeso) que nos fluye por dentro cada vez que -simplemente- (nos) sucede vivir...
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