lunes, 26 de noviembre de 2007

Pequeña siesta en el subte A



Me dispuse a caminar. Sin rumbos, sin motivo definido, sin incentivos. Sólo caminar. De pronto me encontré tomando el sube A, ese viejito de maderas que crujen y puertas que se abren y cierran manualmente.
Me topé con variedad de gentes, de esas que adoro observar, para conservar -no sé aún con exactitud por qué motivo- en mis retinas y quizá sostenerlas en alguna neurona para futura inspiración de algún escrito.
Notablemente me llamó la atención la chica que estaba sentada frente a mí (obviamente, la de la foto) y su pequeña siesta que duró sólo un par de estaciones. Quizá porque llevé un poco de mí a ella o porque ella llevaba un poco de mí. Su mirada. Sus manos. Su postura. Su vestimenta. Sus anteojos. Su forma de ser "tan yo". Su nostálgica tristeza de sábado a la tarde... añorando ese nosequé que tantas veces no se logra definir.
Por eso decidí, sin vacilar, congelarla no sólo en mis imágenes in-tan-gi-ble-men-te sensoriales que indefinidas veces no logro poder describir.



La foto habla por sí sóla... (y eso, me encanta...)




La próxima es mi estación: Congreso.


Me bajo del sueño para seguir caminando.



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