El jefe de comercialización. No sólo era mío, sino que varias personas dependíamos de èl. Y la verdad, quedé simplemente ABSORTA. Por un instante pensé que me iba a desmayar o algo por el estilo porque se me aflojaron las piernas y sentí la famosa "bajada de persiana".
Realmente son ahora las 11.42 y aún no lo puedo creer. No caigo. O no quiero caer, no lo sé.
El mismo tipo de muerte que mi papá. De golpe y sin aviso.
Acá más allá de sus chinches, se hizo querer mucho "Volpe"... y ahora ver la oficina vacía, no sentir su voz, sus pasos dirigiéndose hacia la máquina de café, su alegría y buen humor a pesar de todo y hasta sus gritos de enojo, pasarán a formar un vacío irremplazable.
Gracias a él estoy acá, gracias a él que me dio oportunidades y me las iba a seguir dando.
Un tipo con el que no sólo podías hablar de laburo, sino alguien con el que te sentabas y podías hablar y discutir acerca de cualquier tipo de cuestión.
Cuántas veces me escuchó, me aconsejó, como si fuera un padre...
Cuántas veces me vió llorar y me dio un abrazo... me comprendió y siempre me ayudó.
INFINITAS GRACIAS A ÉL por ser como fue, con lo bueno y lo malo, en su estadía en esto que muchas veces no valoramos y que se llama VIDA.
Hoy es dolor y lágrimas... abrazos y nada de consuelos, porque no los hay.
Nada de explicaciones, porque tampoco las hallaremos.
Simplemente el recuerdo, el extrañar... y el vacío de su oficina.
Simbólicamente enciendo una vela, para recordarlo y sentir que su llama no se extinguió aún...
El recuerdo quedará por siempre intacto y su voz en mis oídos como si me estuviera llamando o preguntando si ando con alguien con una sonrisa picarona de costado, mientras me guiñaba un ojo.
Las pérdidas siguen... el tiempo pasa... nada se puede hacer... la impotencia a flor de piel y las lágrimas que no me surjen a veces me asustan... no sé adónde fueron a parar...
*
Volpe, un abrazo infinito, hasta el cielo...
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