Afuera caen miles y miles de lágrimas por segundo que no se amarran hoy a ninguna mejilla. Sólo caen y se dejan caer tan libremente como lo estoy hoy de tus brazos.
El sabor solitario de la madrugada no deja de fumar entre historias que se tejen en vano. La pava silba haciendo notar que el agua ya está lista para el mate.
Y afuera, las lágrimas que siguen formando parte del paisaje.
Se desgarran, se arrancan las notas de las melodías de Bach. Se siente un auto que valientemente animó a sacar su nariz esta noche y resbalar sus ruedas en sueños ajenos para que algún perro pueda percatarse de su motor y ladrarle un rato.
El chocolate juega en mi boca y dejo que se escabulla por mi cuerpo un ratecito.
Intenta generar endorfinas que se funden con la nostalgia típica y termina dando como resultado, una agria pero suculenta combinación de sensacionesypensamientos.
No quiero soltar mis manos al libre albedrío.
Deseo estar en otro lugar ahora. No aquí, enfrente a este papel inmune que no me habla, que no me calla con sus besos, que no me cobija con sus brazos.
Mis ojos meditabundos vagan al son de cada nota del piano que escucho y escucho cientas de miles de veces tan pero tan incansablemente.
Y soy feliz de estar entre los que quiero, poder abrazarlos, poder besarlos y acariciarlos. Decirles CUÁNTO los quiero y CUÁNTO los necesité.
Ellos son mi verdadero refugio, tan tangible como las lágrimas que me mojaron la cara, hoy por la tarde.
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