A veces odio tener tanta memoria y recordar hasta lo que llevaba puesto un año atrás, cada una de las palabras que fueron dichas, la música que escuché y hasta el sabor de la pizza que comí.
Quisiera pisotearlo todo y prender fuego la caja de los recuerdos, pero se me hace tan difícil pensar que en lo que confié verdadero y sincero, se volvió una injusta traición o quizás, un error de mi parte por haber confiado, por haber creído.
Hoy, exactamente un año después, no guardo rencor, aunque todavía duele un poquito el corazón... y quedan resabios de bronca por mi credulidad. si bien no quiero recordar, me es inevitable... aún así procuro guardar todo en esa caja y arrojarla al más allá, donde por fin, no vuelva más a mí.
*
No hay comentarios:
Publicar un comentario