martes, 30 de septiembre de 2008
Silencio*
Un chorro de agua caía suave y continúo por la canilla del fregadero, limpiando manchas que debían ocultarse. De repente, una mano desesperada desactivó la corriente. Ese sábado a la tarde caluroso de verano había quedado en... -silencio- Hubo una pausa general. La casa estaba vacía nuevamente, el piso de aspecto frío, ideal para acostarse. El desinterés de hace un rato se veía reflejado ahora en ese silencio desgarrante. Porque no todos los silencios son pacíficos, tranquilos, mansos y controlables. Están intimamente relacionados con los ruidos de los que provienen. Silencios incómodos luego de charlas superficiales. Silencios necesarios luego de palabras difíciles. Silencios desesperados luego de una verborragia incesante. Pero yo hablo de esos silencios que gritan luego de una violencia que se había vuelto incontenible.
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