miércoles, 31 de diciembre de 2008

The most beautiful letter*

Es muy paradójico leer hoy lo que me escribiste meses atrás, cuando para VOS todo terminó, sin dejarme lugar a réplica. Saber todo ESTO que me escribiste y sentiste, me hizo lagrimear al leerlo por primera vez, porque realmente siempre supe que te importaba, pero nunca me lo habías puesto en palabras por más que tus gestos y acciones lo demostraban (vos sabés que yo siempre necesité las palabras).De modo que ver plasmado nada más ni nada menos que en tu blog, hacer público como lo hiciste lo que yo valía para vos, y lo que vos sentías por mí... me emocionó sobremanera, y a la vez fue lindo y no.

Es MUCHÍSIMO (aunque nunca suficiente) lo que compartimos en tiempo, pero sobretodo en calidad. Jamás podré olvidar ni el más mínimo detalle de alguno de esos momentos, porque sabés que tengo buena memoria, así que podrás imaginar que no hay un fuckin´lugar donde hayamos ido al cual hoy no vaya y me acuerde de vos... de nosotros. Hasta cuando escribo y pongo mis tres clásicos puntos suspensivos te me venís a la cabeza.

Hoy sé que quizás leas mi blog y es por eso que lo encuentro como el único medio de comunicación con VOS.

Sabé que a pesar de la distancia que impusiste y de haber desaparecido de la forma en que lo hiciste, te adoro, te extraño y ni hace falta que te diga CUÁNTO te necesito.

Me cansé de dejarte mensajes en toooodos lados, sin respuesta alguna. Así que decidí esta vez dejarte uno público y a modo de regalarte-y-regalarme algo para el fin del año, nada mejor que tus palabras (aunque me hagan lagrimear nuevamente, mientras espero por fin que regreses...)




*


Y es que mirarla a los ojos era simplemente entender, de repente y sin razón, todas las canciones que hablaban de amor eterno, que prometían deseo y compañía hasta el fin de los días. Era como encontrar los motivos correctos para hacer cualquier cosa y todo lo que hace que un hombre quiera ser mejor; saber que iba a estar a mi lado en cada paso, durante todo el camino, aunque muchas veces siquiera yo supiera dónde conducía. Era el sacrificio, eran las risas y era el hacerme creer que era mejor en todo sentido; era pedirle que se viera un rato nada más como la veía yo, para que entendiese porque ningún problema era insolucionable. Era el sol en su rostro, el viento en su pelo y la lluvia en nuestros cuerpos. Era el aceptarme como soy, con lo poco bueno, y con todo lo malo, y saber que su expresión de decepción era algo que no me podía permitir. Era sentirse deseado, amado, acompañado, mimado, cuidado; era ser divertido, inteligente, simpático, odioso, adorable y cariñoso para alguien. Era ser imperfecto hasta donde mis ojos dejasen ver, pero perfecto hasta donde los suyos.

Era todo...




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lunes, 29 de diciembre de 2008

Piove*

De fierro,
de encorvados tirantes de enorme fierro tiene que ser la noche,
para que no la revienten y la desfonden
las muchas cosas que mis abarrotados ojos han visto,
las duras cosas que insoportablemente la pueblan.

El universo de esta noche tiene la vastedad
del olvido y la presición de la fiebre.


En vano espero
las desintegraciones y los símbolos que preceden el sueño.


J.L.Borges.



Adoro las noches como las de hoy, en las que ese vientito pre-tormenta me sacude el pelo conjuntamente con los pensamientos, conjuntamente con las ideas, con las sonrisas de costado que me nacen espontaneamente, y encontarme así me hace hasta avergonzar de mí misma.

Me vuelan los momentos de los últimos tres días cual diapos. Balance positivo.
Ya no quiero ponerme a pensar, ni siquiera que el pensamiento venga a visitarme por espontaneidad. Le di vacaciones a eso. Al menos por estos días de fiestas que no son de los más agraciados, por lo menos para mí.

(Llueve.)

Me di cuenta que llorar sola, en infinitivo, es querer llorar sin el abrazo del que no entiende por qué. Este secreto de voces graves que no muestro, me hace llorar. Descubro que a otros les llueve peor y guardan otras penas. Me estremece no entender la muerte, la vida, el ciclo de empezar y morir. Y de nuevo empezar. No entiendo cómo puede uno quedarse acá y disfrutar de la cabeza bajo la lluvia. Y pensar que eso es lo más parecido a la felicidad mientras otros llueven de verdad.





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lunes, 22 de diciembre de 2008

Fotoradiografía*

- Disculpame, ¿puedo sentarme acá?


Me preguntó un desconocido. Ante mis dos segundos de silencio, siguió:


- ¿O estás con alguien?

- Estoy esperando a alguien.


Mentí. Entonces el desconocido se fue a otra mesa.





Llueve desde que empezó el domingo. O al menos eso me parece a mí. Yo decido salir a caminar. Sin paraguas y anunciando la hora mágica. Llego a Havanna y espero que una pareja de viejos se levante de una mesa con sillones. Se van, me siento. Sólo consigo un suplemento de Turismo de La Nación y lo ojeo un toque. Punta Tombo, Purmamarca, Mendoza y San Luis. Ningún destino al que yo pueda emigrar ahora. Estoy sentada junto al vidrio frente a un kiosco de revistas y la luz es cada vez menor. Los faroles de la avenida van encendiéndose de acuerdo al grado de oscuridad. El agua en la calle refleja el andar de los bondis, los autos y algún solitario que, como yo, salió a caminar un domingo de lluvia, sacrificando una tarde caliente junto a su amante (si lo tuviera).

El desconocido que me preguntó si podía sentarse en mi mesa está a dos metros mío. ¿Tendría que haberle dicho que sí? ¿Por qué no quise compartir la mesa con él? Supongo que porque no soy ingenua. Además, si salí a caminar sola es porque quería estar sola. Sola como me gusta sentirme cada tanto. Sola como esos solitarios que están a las 3am en el msn al igual que yo, esperando noséqué. Podría decirse que Florecita es, cómo decirlo, esa chica con la que quisiera estar más de uno. No es hermosa, pero tiene algo. Ni tetas ni culo ni piernas ni. Sólo pelo bonito, sonrisa al instante (según algunos linda) y voz dulce. Cualidades que no son atributos que inciten las miradas en la calle. Sabemos que garpan más las voluptuosas, pero siempre hay algún pajero que la mira. A Florecita no le gusta que la miren, esa forma libidinosa de ser de los hombres. Pero si a ella le gusta el chico que la mira, se siente linda. Ése es su termómetro. Más de uno quisiera estar con ella, y ella estuvo con más de cien, pero el amor no resulta ser un número en la carnicería. Ella se enamoró del ciento uno y ahí se quedó. Firme como rulo de estatua y fiel, como perro espectral blanco que es.

Terminados el capuccino y el Havannet, saco el libro, Los estantes vacíos, de Ignacio Molina. Y fue en esa lectura que el desconocido me interrumpió y me puse a escribir esto. Entonces busco en mi bolso extra grande mi Mp4. Siempre me acuerdo que mi amigo Leo me decía que parecía un ekeko que cargaba bolsotes, bolsas y demás. Entre tantas cosas no lo encuentro y mi mirada va al cielo, emulando una oración, y eso basta para que mis dedos acaricien la preciada tecnología. Cat Power va con el momento. The Greatest es el tema que me va a acompañar junto con cada una de las gotas que resbalan en el vidrio. Me quedo un rato autista, escuchando, viendo cómo cambian los colores de la tarde. Las luces en el piso mojado. No pasa nada. Sigo con el libro hasta que decido cerrarlo cuando considero que estos instantes de domingo bien mío conmigo misma, mi música y mi yo, han finalizado.



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martes, 9 de diciembre de 2008

Let´s pretend we never met*







three tears
on my way to work.







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miércoles, 3 de diciembre de 2008

Idem*





Yo también pienso que muchas cosas se dicen mejor por escrito. y con un beso. y tomados de las manos, con una mirada, o simplemente, abrazándonos mientras dormirmos.




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I don't know how to begin
'cause the story has been told before
I will sing along I suppose.
I guess it's just how it goes






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