son las diez de la noche.
bien podría estar haciendo alguna de las cosas que quiero hacer siempre que estoy en el trabajo y no puedo: leer, hacer mis flores, escribir mails.
pero me tiemblan los brazos.
mis ojos tienen ganas de que les ponga música.
en mis oídos repercuten palabras de mails que me abrazaron estas últimas semanas.
y me pongo a escribir, porque nunca abandono esta vieja costumbre de escribir.
porque la extraño, por más que sólo sean unos minutos, o tal vez segundos.
en la compañía de escribir despliego mis alas para volar por otros aires.
los pensamientos suben escaleras, se arrojan al vacío, algunos se convierten en cadáveres, otros... felizmente nacen.
y los caminos se abren, las puertas dejan entrar un vientito fresco y renovador. y juntos nos soltamos el cabello.
los dedos se me escapan de las manos. van al cielo, buscando abrazos de quienes están allí.
y el cielo es tan grande... no puedo mirar todo ese azul sin dejar de impresionarme. las nubes me ayudan, aunque una a una, se van escapando sigilosamente, huidizas.
*
1 comentario:
Si las nubes se quedan le dejan el cielo todito azul a otros que andan por ahí, también buscando las nubes.
Uno escribe para dejar de pensar o escribe para dejar de llorar o escribe para sonreir. Y veces todo a la vez.
Las letras son gotas de rocío que aparecen al alba del alma. Que vuelen y estallen en el papel.
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