martes, 2 de junio de 2009

Suelo tener una cosa en la cabeza, sólo una, que es núcleo, centro de los otros pensamientos. La revolución comienza cuando esa cosa cambia, cuando otra ocupa su lugar. Esta vez lo que me hace reflexionar es lo diferentes que son estas dos cosas (la que era protagonista y dejó de serlo, y la nueva estrella de la historia). Lo poco que saco en claro es lo maravilloso que las cosas varíen y que no nos quedemos estancados. El factor sorpresa vale.
Pasan situaciones, personas, y nos alejamos y nos acercamos. Ahora comparto cosas con quienes nunca pensé compartir, al menos no en la más fiel realidad. Quizás sí en esos sueños que no recuerdo al despertar.
Los días suceden y nos encuentran armando palabras y frases, riendo, cómplices de algo que no sabemos si es lo correcto pero que no por eso dejamos de disfrutar.


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